
Y de pronto, un día como otro, nos damos cuenta de nuestro error. Nadie nos paga por lo que hacemos o sabemos hacer. Lo único que les interesa es nuestro tiempo, y a precio de saldo. Al final nuestro trabajo se convierte en un ejercicio de repetición en el que siempre se siguen las mismas pautas hasta el día de nuestra muerte (con suerte jubilación). Cualquiera podría hacerlo. Cualquiera que esté dispuesto a vender su tiempo.
¿Cuánto cuesta una hora de nuestra vida? Si eres un mileurista, unos seis euros, más o menos, depende del convenio. Para el resto, hagan sus cuentas.
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