miércoles, 14 de noviembre de 2007

Boca de perro.

Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, algo con lo que nunca he estado totalmente de acuerdo pese a sentir por ellos un gran respeto. Los humanos tendemos a humanizar los comportamientos de los animales y en el caso de los perros esta costumbre es incluso más exagerada. Cuando uno de estos peludos amigos de cuatro patas nos trae el periódico por la mañana, no espera más que ver recompensado su esfuerzo con un buen plato de comida. Cuando nos mira con cara triste después de haberle echado un rapapolvo por mearnos la alfombra, sólo sigue una estrategia de defensa que está escrita en sus genes desde mucho antes de que al hombre se le ocurriera usarlos para guiar rebaños de ovejas. Un perro es un animal que se mueve por instinto y que posee una gran inteligencia, la suficiente para interactuar con nosotros, inteligencia e instinto que usan para distinguirnos, para creerse parte de nuestra manada. Pero inteligencia no significa consciencia. Confundir estos términos conduce a algunas personas a realizar acciones totalmente disparatadas, desde vestirlos como nuestros héroes hasta convertirlos en Tony Hawk.

No pretendo (ni sabría) hacer un tratado científico-naturalista a lo Charles Darwin, ni criticar a nadie por las perversiones que le guste practicar con sus mascotas. Seguramente yo sea el primero que vea en mi perro a un gran amigo y puede hasta que lo deje dormir a los pies de mi cama alguna vez para que no se sienta sólo en su caseta. Sin embargo, existe una conducta demencial y repugnante que vengo observando en muchas personas desde que tengo uso de razón. Ayer mismo, mientras volvía del parque, una señora de unos cincuenta años ataviada con traje de flores, collar de perlas, permanente de peluquería y un rembrandt en la cara, se me acercó con una sonrisa y con los ojos fijos en el perrito que caminaba junto a mis pies, como si estuviera viendo un ángel recién salido del cielo. Sin darme apenas cuenta, la señora se acuclilló, el perro se subió a sus rodillas y ella empezó a acariciarlo mientras le decía las mismas estupideces que le diría a un rechoncho bebé de séis meses. No pasó mucho tiempo hasta que el perro comenzó a lamerla. Le chupeteó las manos, las orejas, la frente, el cuello, la boca, incluso me pareció ver como su ágil lengua se deslizaba entre los labios. Por supuesto, ella se dejó encantada. Parecía disfrutar con aquello así que no dije nada. Los miré un rato, asqueado, hasta que reaccionó mi cordura y comencé a caminar llamando al perro para que me siguiera. La señora, con la cara brillante de felicidad y humedad, siguió su camino como si nada hubiera pasado.


Jamás debemos olvidar que un perro es un animal. Un animal que quince minutos antes de su encuentro con la cariñosa señora había estado jugueteando con una cucaracha entre sus dientes debajo del banco en el que yo me sentaba, cazando unas moscas verdes, gordas y peludas a mordiscos, lamiendo los restos ya podridos de un pringoso bocadillo de pollo que alguien había dejado tirado al lado del cubo de la basura, bebiendo agua estancada de la fuente donde mean los niños y algunos adultos, olisqueando orines y excrementos de perro, lamiéndole el culo al pequinés de mi vecino, chupando los genitales de un pastor alemán que suele vagabundear por la zona y comiéndose la mierda de un yonqui que duerme y caga detrás del último árbol del parque. Un animal que después de meter el hocico en lugares que nosotros no meteríamos ni la mano, no corre al lavabo a lavarse la boca para darnos luego un besito.


Señora, ya que las arcadas me impidieron pronunciar palabra en su momento y aunque la posibilidad de que usted lea esto sea más que remota, no puedo evitar aconsejarla al respecto: La próxima vez que un precioso perrito le acerque la lengua a su cara con la intención de lametearla, piense en qué otras cosas habrá inspeccionado esa lengua. Y si lo que necesita es un buén lametón, sepa que existen alternativas bastante más higiénicas a las que recurrir.
Fotografía: miamormiamor

11 Comentarios:

Lupita Ferrer dijo...

Jajajajaja...

PD: Bienvenido¡¡¡

Pedro D. Herrera on 11/14/2007 5:01 p. m. dijo...

Hola!cuanto tiempo.... Tienes toda la razón del mundo, pero hay de todo en este mundo...

MartaNoviembre on 11/14/2007 5:16 p. m. dijo...

Cero?

migue on 11/14/2007 5:21 p. m. dijo...

Marta.. 6 5 4 3 2 1 .. cero

No te pongo nota, eh!! sólo continúo la progresión. Todo nos lleva al cero ;) Tengo la mala costumbre comentar con lo primero que me viene a la cabeza. Chifladuras.

lupuscanis on 11/15/2007 8:43 a. m. dijo...

Bienvenido, estoy totalmente de acuerdo contigo, también me gustan los perros, tengo 4, pero nunca olvido que son animales, lo cual no implica, que uno no les tenga cariño. En lo que respecta a la Señora, a lo mejor sabe por donde suele pasar la lengua los perros y eso le pone. "Otra perversión es posible". Un saludo

migue on 11/15/2007 9:57 a. m. dijo...

Pues sí, ya estamos otra vez por aquí.

MartaNoviembre on 11/15/2007 12:13 p. m. dijo...

Jajaja! No, hombre, no lo decía por la nota, chico! ¡Sólo quería que la continuaras! me has hecho pensar, a ver que se me ocurre con cero... ¡Jejejeje! Un abrazo, migue

Livaex on 11/17/2007 9:25 a. m. dijo...

Pensé que te habías quedado "tunicado", tanto tiempo sin verte por aquí. Si era por vacaciones, bien.
Yo "cuido" a veces la perrita de mi hijo, que es el único animal con el que me llevo bien (la perrita, no mi hijo), pero no permito que me de lametazos.
Saludos

Reena on 11/17/2007 6:04 p. m. dijo...

Jajajajaja

Casualmente estoy pensando en coger un perrito de la perrera, pero esa pobre criatura se comió toda la pintura de la señora...

Pobre perrito!

migue on 11/18/2007 7:43 p. m. dijo...

Livaex, la verdad es que la mitad fueron vacaciones, la otra mitad reflexión e introspección.

Reena, no lo había visto desde ese punto de vista. Quizás fue hasta peor que la mierda que Yonkie!!

Sunlight on 11/22/2007 2:30 p. m. dijo...

Cuando tenía un año y medio, me mordió un pequinés. Desde aquel entonces tenía mucho miedo a los perros. Luego se me iba quitando el miedo, pero nunca el respeto. Y es totalmente cierto: me da asco lo del ocico! ¡Muy bien descrito! Además huelen mal cuando va a llover.Es la pura realidad. Hace tan solo 1 año que a veces me gustaría comprarme un perrito, porque sí siento que hacen mucha compañía y que te quieren (amor incondicional, te quieren triste, alegra, cansada, flaca, gorda, ect)!!! Ja ja ja. Pero no compro un perro, ya que es mucha responsabilidad luego cuidarlo y yo quiero ser independiente. ¡Me da mucha pena y tristeza que haya gente que los abandone!

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