miércoles, 23 de abril de 2008

Sor Citroen.

Como norma general, las monjas me suelen dar buen rollo. Tan sacrificadas, tan devotas, tan entregadas a su comunidad... Quizás la monja sea la figura mejor vista por los ateos herejes que tan mal hablamos de la iglesia católica, a pesar de no poder evitar pensar que el usar tan poco su feminidad debe haber transtornado a la mayoría. Renunciar a ser mujer y madre en favor de un ser imaginario y sumirse voluntariamente al yugo machista de unos líderes espirituales de dudosa moral, denota por un lado una enorme valentía y por el otro una profunda ignorancia. Aún así, no deja de ser su decisión y no voy a ser yo el que se oponga a su libertad de decidir, que de eso ya tendrán bastante en casa.


Hace unos días entró una monja al concesionario en el que trabajo. Estuvo algunos minutos dando vueltas por la exposición, abriendo puertas de vehículos, tocando tapicerías, mirando colores. Confieso que me picó la curiosidad, así que cuando vi al vendedor de turno acercarse a ella, no pude evitar decidir que la mañana sería un poco menos aburrida si me enteraba de los asuntos que la habían llevado hasta allí. Me dispuse por tanto a actualizar el antivirus del ordenador del vendedor que la atendía y esperé. Cuando se acercaron a la mesa, me hice a un lado, fijé la mirada en la pantalla del pc y estiré el oído.

En un principio todo transcurrió como suponía. La monja quería comprar un coche para pasear a la Madre Superiora, demasiado vieja para conducir. Imaginé que también lo querría para el resto de los menesteres del convento, cargar la compra del mes, trasportar a la virgen o trasladar a otras monjas a los albergues de indigentes. Mientras el vendedor le hablaba de financiaciones y tipos de interés y ella insistía en que el pago lo haría al contado, la imaginé al volante de una pequeña furgoneta blanca, uno de esos vehículos mixtos que pueden usarse tanto para transportar personas como carga, dando en cada curva las gracias al señor por la caridad de los ciudadanos que habían permitido al convento comprar aquel engendro mecánico. Sin embargo, las cosas no siempre son como uno se las imagina.

La realidad es que lo que aquella monja había comprado para pasear a la Madre Superiora no era una furgoneta, sino un turismo. La realidad es que lo que aquella monja había comprado con el dinero de los feligreses no era un turismo cualquiera, sino un deportivo de gama alta, un turismo con pintura metalizada, lunas tintadas, techo de cristal, faros de xeon, Bluetooth, navegador GPS, llantas de aleación, sillones de cuero y un largo etcétera de características que escandalizarían a la mismísima Sor Citroen.

Y ahora, sintiéndolo mucho, al imaginar a la monja al volante de su vehículo, ya no me da tan buen rollo.

9 Comentarios:

mujer del traje gris on 4/24/2008 1:28 a. m. dijo...

normal,
para nada me extraña.
A diferencia de ti, esa es la impresión que toda la vida (desde ke tengo juicio, en el sentido cabal de la palabra) he tenido no solo de las monjas, sino de la religión en general.
Ais, ke pesada soy...

Abrazos!!

ricardo on 4/24/2008 11:04 a. m. dijo...

Vaya con la monjita. ¿Tienes el teléfono? (Es que me gustan las mujeres fatal)

Migue Mora on 4/24/2008 3:53 p. m. dijo...

¿El teléfono? y más cosas, pero con esto de la protección de datos acabaría en chirona. Mejor lo dejas en una fantasía. ;)

Patroclo on 4/24/2008 3:53 p. m. dijo...

Yo ya tenía una mala impresión de las monjas y cualquier cosa que tenga que ver con la religión, sectas o derivados...

Saludos.

Tocotó on 4/24/2008 4:51 p. m. dijo...

A mi las monjas no ma han dado nunca buen rollo. Debe ser porque estudié en un colegio con las susodichas. No es que fueran mala gente en general pero había algunas... que mejor me callo. Flipante la monja al volante del deportivo, Sor Alonso la llamarán...

Migue Mora on 4/24/2008 5:34 p. m. dijo...

A ver si ahora va a resultar que lo del buen rollo de las monjas me pasaba sólo a mi. Que engañado estaba..

Livaex on 4/25/2008 8:23 a. m. dijo...

A mí un día me llamó la atención una monja que se compró en una farmacia una crema bastante cara para las arrugas, y nada más salir tiró la caja y la bolsa en una papelera y "escondió" el bote en su bolsito, no sé si era para que no la viera la madre superiora...
Curioso relato

Pedro D. Herrera on 4/25/2008 11:00 a. m. dijo...

Nunca tuve buena impresión de las mojas.A decir verdad, tengo un alto grado de repulsión hacia el clero,catequistas, monjas, católicos radicales... Esto que cuentas no me extraña, alguna situación parecida he visto.

Reena on 4/26/2008 2:30 p. m. dijo...

Hay monjas y monjas. Yo estudié con las Teresianas y son la jet set, nada de voto de pobreza. Qué dices. Mi madre cuenta que, cuando ella estudiaba en este colegio (estudiamos las dos en el mismo) más de una vez miraron a mi abuela por encima del hombro por no llevar todo el joyero encima ;)

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