miércoles, 6 de agosto de 2008

Mumes 2008. El increible kiosko menguante.

Esta vez no voy a hablar de artistas, ni de directos, ni de nada que tenga que ver con la música, salvando una breve mención a la brillante actuación de Amparo Sánchez en su despedida del proyecto Amparanoia, tanto en esta edición del Mumes en Tenerife como en el Fuerteventura en Música de hace un mes. Vibrante, a ratos cautivadora, regalando al escaso público asistente generosas dosis del más puro mestizaje. Y es que tener de padrino a un personaje con tanta 'mala vida' como Manu Chao no debe ser sólo casualidad. Pero como ya dije, esto no va de artistas, sino todo lo contrario.

Esta crítica va dirigida directamente a los organizadores del evento, Rider Producciones, Sentidos Promociones Culturales y Mirmidón. No hace falta que sigan los enlaces, el primero lleva a una web en construcción y el último es un extraño regreso al jurásico, con una web casi tan cutre como la del propio Festival Mumes, que sin lugar a dudas se lleva la palma. No digo que tengan que contratar por cojones al mejor diseñador web del planeta, pero no cuesta nada hacerse con unas plantillas y decirle al hermano pequeño de cualquiera que trabaje por sus oficinas que le de un lavadito de cara a su presencia en internet.

Sigamos. Construir un festival de músicas mestizas, poniendo como reclamo a Amparanoia y a 08001, y pretender cobrar 15 y 12 euros por las entradas respectivamente, no me parece una opción demasiado acertada teniendo en cuenta lo abultado de la oferta estival que presenta este año Santa Cruz de Tenerife. Entrada gratuita hubiera casi asegurado un lleno de asistencia. El dinero se puede ganar de muchas otras formas, no sólo vendiendo entradas. Poner unos cuantos kioskos donde se puedan comprar bebidas sería un gran comienzo...

...Y es que el viernes, en todo el recinto del festival, sólo había un puto grifo para poner cañas, sólo uno, situado en uno de los dos kioskos habilitados para el evento. Era evidente que de las latas no habían oído hablar en su vida. El otro kiosko se quedó sin hielo a mitad de la velada, así que todo quedó reducido a uno. UNO. No se si me explico bien. Acercarte a aquella barra a pedir una cerveza, un cubata o un whisky con hielo requería tanta concentración y empeño, que el posible efecto narcótico del alcohol que te disponías a consumir estaba anulado de antemano. Pedir una copa en aquel único kiosko se convirtió en suplicio. Eso sí, para compensar, y para dar algo de sentido al mestizaje que da nombre al Mumes, habían habilitado un kiosko con comida turca, otro con comida africana, otro con hamburguesas, otro con comida venezolana y algún otro que se me olvida. Por supuesto todos sin bebida. ¿Adivinan donde había que comprar la bebida? Exacto, donde mismo están pensando. El ya conocido Kiosko. Menos mal que la afluencia de público fue más bien escasa, si no, aquello se hubiera convertido una auténtica locura.

Me encantaría asistir al Mumes del año que viene, pero si los organizadores pretenden conseguir convertirlo en un "referente internacional de las músicas del mundo", deberían empezar a pensar en corregir esas pequeñas cosas que hacen grande a un festival cuando están bien hechas y que lo único que consiguen cuando se hacen mal es provocar berrinches como éste.

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